Isabel Díaz Sotoca “Tenemos que aprender a vivir más presentes y más conscientes”

Actualmente, vivimos tiempos de mucha incertidumbre a nivel mundial y eso se ha visto reflejado en diversas áreas de nuestra vida cotidiana. Para tener en cuenta algunas herramientas que nos permitan atravesar esa incertidumbre inevitable en estos tiempos, hemos conversado con la psicóloga Isabel Díaz Sotoca.

Isabel es psicóloga clínica desde hace 20 años en Santa Eugenia. Asegura haber “ido evolucionando” en su formación “según las necesidades de la sociedad y de los problemas psicológicos de cada época: desde técnicas cognitivo conductuales para trabajar los pensamientos negativos, hasta técnicas actuales en mindfulness para trabajar emociones bloqueadas que explican patologías del estado de ánimo pasando por técnicas de relajación y meditación”.

¿Qué es para ti la incertidumbre?

Es un estado de no control: las cosas son inciertas, dudosas, cambiantes, con poca op­ción a crearnos expectativas y poder organizar planes en general.

¿Qué habilidades necesitamos para afron­tar la incertidumbre?

En primer lugar, aprender a vivir en el «aquí y ahora”. Todos los psicólogos estamos insistiendo mucho en este concepto clave: atención plena en lo que vivo hoy, en lo que hago y siento; tratar de aprovechar los planes es­pon­táneos que nos surjan (hoy lo podemos ha­cer, mañana no sabemos). En se­gundo lu­gar, entrenar diariamente la positividad y la consciencia: parar, respirar y darnos cuenta de que, la mayoría de nosotros, hemos sido ca­paces de sobrevivir a una situación muy du­ra física y emocionalmente, y que, por su­puesto, ahora que ya tenemos una experiencia y hemos aprendido a programar menos y adaptarnos algo mejor a la improvisación, lo vamos a conseguir.

Otra cosa que puede ayudarnos es entrenar muy conscientemente este gran aprendizaje de la pandemia: «No pasa na­da por no hacer lo que teníamos programado, seguimos adelante y lo haremos en otro mo­mento, o quizá la vida nos sorprende con un plan mejor o nuevo y esto nos hace crecer, evolucionar. Por último, promover un pensamiento sano, que no es otra cosa que pensar: lo de atrás ya pasó, el futuro es incierto y el presente es lo que tenemos y sobre lo que podemos actuar.

¿Cómo podemos manejar la ansiedad que nos genera la incertidumbre?

A través de ejercicios de relajación, meditación y yoga, que nos ayudan a que la mente y el cuerpo entren en un estado de paz, quietud y calma. Esto es fundamental para que el ritmo de nuestros pensamientos, emociones y sensaciones motoras sea más tranquilo y regulado. Otra cosa que podemos hacer es aplicar la técnica de «los 10 minutos y cambio del foco», piensa en lo que te preocupa hoy, durante 10 minutos y evalúa ¿puedo de­mostrar que realmente lo que me atormenta va a pasar seguro al 100%? ¿cómo he actuado otras veces que me he encontrado en una situación similar? Esa situación, ¿qué cosas positivas dice de mí frente a situaciones duras? ¿qué ganó si sigo estando así de preocupad@? ¿cómo podría pensar de manera más objetiva y con inteligencia emocional?. Venga, diséñate ese pensamiento más realista y repítelo con firmeza. A continuación, Stop! acabaron los 10 minutos, desplaza tu atención a otra tarea: hablar con alguien, pintar, tararear una canción, irte a la calle… etc.

¿Cómo podemos, en medio de esta situación de incertidumbre que es colectiva, pe­ro que cada quien la vive a su manera, generar más empatía y solidaridad?

Continuar con lo que hemos aprendido en estos meses que es sanísimo: expresando el afecto más con gestos y palabras que con compras: besos al aire, abrazos simulados, sonrisas, guiños, más conversaciones profundas y sinceras, acompañarnos y escucharnos en los días malos (que así se ayuda mucho aunque no parezca). Ser agradecido con nuestra salud y lo que estamos pudiendo mantener a todos los niveles para así ponernos más en el lugar del otro, dándonos cuenta de có­mo se puede sentir, ser más serviciales y aprovechar más las oportunidades de en­cuentro controlado para fomentar momentos cá­lidos en compañía: felicitaciones caseras, aperitivos improvisados, regalos caseros, mensajes, vídeos, dedicarnos tiempo, mirarnos a la cara al hablar, saborear ese cafecito en grupo u on line, etc.

¿Algunas recomendaciones para relacionarnos mejor con nosotros mismos y el entorno en incertidumbre?

Os propongo autoestima y actitud. Si nos cuidamos lo máximo posible a nivel físico y emocional, estamos regalando a los demás áni­mo, alegría, frescura, un modelo de cómo vi­vir con dignidad en tiempos difíciles. Si la ac­titud es estar presente y consciente, fo­men­tamos la calma mental al no anticipar lo que vendrá, siendo menos catastróficos y de­jándonos llevar menos por la queja y la histeria colectiva (al final, si uno se pone negativo y se queja, los de alrededor harán lo mi­smo). Haremos planes a muy corto plazos (“de cuartito de hora en cuartito de hora”, como decía mi tío), seguiremos aprendiendo a valorar los planes sencillos, improvisados, disfrutando de la oportunidad en el momento y sobre todo, con esta actitud, seguiremos apren­diendo a adaptarnos a los cambios, re­cordando que “una cosa es lo que me gustaría y otra cosa es lo que hay”. Si llevamos a ca­bo esta filosofía, tendremos un 10 en salud psicológica y llevaremos este tiempo con más aceptación y tranquilidad.

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