Guillermo Mora y su particular vocabulario visual

Nacido en Alcalá de Henares en 1980, Guillermo Mora es uno de los creadores más destacados de su generación. En los últimos años ha cultivado un particular vocabulario visual, generando un modo abstracto de comunicación que cuestiona los protocolos y procedimientos de la pintura.

Ha sido incluido en 100 Painters of Tomorrow de Thames & Hudson y ha obtenido el II Premio Audemars Piguet en ARCO 2014; el Premio Generaciones 2013; la Beca de residencia en Casa Wabi, México en 2018; la Beca de residencia en el International Studio & Curatorial Program (ISCP) de Nueva York en 2016; y la Beca de la Real Academia de España en Roma en 2010-11.

Entre sus exposiciones individuales destacan A day with you, Irène Laub Gallery, Bruselas; Horizontal con Miquel Mont, Tabacalera, Madrid (2019); Now, Soon, Then, Tomorrow, SCAD Museum of Art, Savannah, EEUU (2018); El escritorio circular con Teresa Solar, La Panera, Lleida (2016); Nunca casi nunca a veces siempre, Casal Solleric, Mallorca (2014), entre otras. Su obra forma parte de colecciones nacionales e internacionales como el Museo Voorlinden (The Caldic Collection), Holanda; The Margulies Collection at the Warehouse, Miami (EEUU); Colección La Caixa, Museo CA2M, Madrid y la Colección DKV, entre otras.

En la Sala Alcalá 31

La Comunidad de Madrid ha presentado, el pasado 28 de abril, la nueva propuesta expositiva de la Sala Alcalá 31, Un puente donde quedarse, un proyecto con el que el artista Guillermo Mora exhibe más de 40 obras, a la vez que transforma el propio espacio arquitectónico de la sala y cuestiona los límites entre disciplinas artísticas. Podrá visitarse hasta el 24 de julio, con entrada gratuita.

En Un puente donde quedarse, comisariada por Pía Ogea, el universo cromático del autor, sus esquemas y asociaciones de color se apropian de la arquitectura del edificio y modifican su estructura para proponer una nueva forma de recorrer el espacio y experimentarlo: partiendo de una monumental instalación de efecto inmersivo en la sala principal –doce estructuras en forma de marco seccionado que cruzan la superficie y cambian el tránsito lineal por uno en zigzag–, el propio espectador penetra en la pintura para redescubrir los últimos quince años de creación artística del autor.

Siguiendo la línea de investigación del artista, la muestra pone en cuestión los límites tradicionales de la pintura –bidimensionalidad, frontalidad, representación, marco, pared–, al tiempo que establece conexiones con otras disciplinas más espaciales como la escultura y la instalación. Así, el transcurrir habitual de la Sala Alcalá 31 ha sido modificado por el color, las jerarquías del espacio (arriba / abajo, nivel principal / primera planta) son borradas al integrarlas a través del cromatismo en las columnas que ascienden hasta el encuentro con la gran bóveda diseñada por Antonio Palacios, generando nuevos senderos por los que experimentar lo pictórico.

Los pequeños estudios de color de carácter íntimo y procesual utilizados desde hace años por Guillermo Mora adquieren una nueva escala en esta muestra: de lo íntimo, a lo público, del papel a la arquitectura, de lo micro a lo macro. En este sentido, todas las piezas de la exposición, desde la grandiosa instalación central hasta las delicadas obras de suelo, esquina, techo o pared juegan con escalas y jerarquías y proponen nuevas vías de transitar, mirar, experimentar el espacio y la pintura desde la mirada de uno de los artistas plásticos españoles de mayor proyección nacional e internacional.

Además, la exposición cuenta con un programa paralelo de actividades para todos los públicos, como talleres intergeneracionales, visitas guiadas para grupos o encuentros con el artista y la comisaria.